Continuación de aquella publicación (https://nefertititotonaca.blogspot.com/2008/03/bar-imaginario-parte-1.html)
Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.
La dama de rojo, que ahora lleva un vestido holgado de seda color lavanda violeta entra a aquél bar. Despreocupada pide un café.
A los pocos minutos, llega aquél caballero. Cuando antes se le hacía apuesto, ahora sólo veía su calva, arrogancia y barriga. Descuidado, aunque con las mismas ínfulas de antaño. Al parecer la vida no le ha enseñado sus lecciones. O tal vez sí y seguramente las ha ignorado.
él: ¿Qué tal?, ¡hace tiempo!
ella: sí, tal vez 25 o 30 años?
él: tan hermosa como siempre
ella: gracias (con seguridad y sin devolver el cumplido)
él: y qué hay de nuevo
ella: nada, viviendo el presente
él: antes tenías diversos temas de conversación
ella: aún los tengo, sólo que ahora soy selectiva
él: ¿ah sí? ¿por qué?
ella: tal vez porque me mola el respeto
él: ¿a qué te refieres?
ella: leo redes sociales... ¿sabes? vi tus comentarios hacia una locutora de radio o de algún programa de televisión, donde de una forma execrable te expresabas de ella personalmente y no de su contenido o de sus palabras. Un caballero no ataca a una mujer, ni en su físico, ni en su voz. Critica si quieres sus ideas o su contenido. Todos tenemos derecho a una opinión. Sin embargo, es repugnante que los lectores tengan que leer y digerir letras llenas de misoginia e irreverencia. De momento te desconocí, decepción inundó mi juicio, pues el que escribió en esos comentarios es un desconocido. O más bien, conozco sólo la imagen que alguna vez me diste. Este comentario sólo confirma lo que allegados decían sobre ti y que yo no quería ver o creer.
él: pues por algo no me casé contigo
ella: ¡gracias al universo y a todos los paralelos!
él: se retira sin decir una sola palabra
ella: termina su café, esboza una enorme sonrisa. Toma su bolso y se retira con la elegancia y belleza que la caracteriza.
Horas más tarde, se percata de que ha sido bloqueada en redes sociales. Ella, sin despeinarse ríe plena a regocijo.