miércoles, junio 12, 2019

Sobreviviendo al cáncer

Buenas tardes estimado lector.

Tengo tiempo de no venir a derrochar letras en este pobre y abandonado blog.

Hoy ha sido un día oscuro para mí. A pesar de que sacaron aquél intruso que llevaba en uno de mis senos, y que no requeriré de quimioterapia (por lo cual estoy muy agradecida, eso sí), tendré que tomar por los próximos 5 años una pastilla para prevenir que el intruso regrese.

Esto es lo que me tiene un tanto inquieta. Pienso que después del cáncer, nada regresa a la normalidad. Ambos brazos ligeramente hinchados con la actividad cotidiana (por la extracción de nódulos linfáticos), pérdida de memoria inmediata, falta de concentración, insomnio, sudores nocturnos...

Luego, está el trabajo. Sí, aquél lugar virtual al que pertenezco y con el cuál viajo cuando el proyecto así lo requiera.

Tras 2 largos meses de ausencia, regresar a trabajar ha sido una de las labores más difíciles (entre las más primordiales, como limpiarse el trasero y rasurarse las axilas).

No sólo mi estado mental en estos momentos es deplorable, mis prioridades están sufriendo un ajuste astronómico. Pienso que estoy llegando al final del ciclo en este trabajo. Después de un profundo análisis, caigo en cuenta de que lo que busco en un trabajo, la empresa no lo tiene.

Día 3 en el trabajo y aún me siento perdida. Pero a seguirle taloneando que en una de esas encuentro el camino adecuado.




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