jueves, julio 28, 2011

Energías

Hoy antes de que saliera el sol, salí de nuevo a hacer la rutina de la serpiente. Casi dos horas después, concluí. Sin embargo, durante mi práctica, hoy hice algo diferente. Pedí al universo todas las energías sanadoras para ayudarme a sanar, sanar a mi hermano y tal vez ayudar a otras personas.

Horas después, antes del medio día, me azotó una oleada de sueño. Antes de cerrar los ojos, un sin número de imágenes cayeron sobre mis ojos, la primera es la que recuerdo, una moneda o botón blanco con el rostro de Mao y con rayos rojos. Después una tras otra mil imágenes que no recuerdo, como si de repente el universo me estuviese enviando mensajes sin parar.

Quedóme dormida. Comencé a soñar que estaba en una especie de sala, parecida a las que había en Kripalu. Mamá estaba sentada en un sillón. Una doctora de qigong la tenía esperando, había ido a comprar alcohol a la farmacia (?). Mamá estaba como niña, no quería estar sola y todo el tiempo quería estar conmigo. En un momento, se supone que me tratarían a mi y nos separaron.

Aunque en la misma área, la ponían a otro nivel donde habían unas escaleras. Ella, intentando siempre estar conmigo, se bajaba gateando y arrastrándose, estaba muy débil para ponerse en pie, casi caía. Yo le pedí que no se moviera, que ya iba por ella. Dejé plantada a la de qigong porque además, no nos hacía caso. Corrí donde mamá.

La cargué y aunque hinchada y gordita, podía sostenerla en mis brazos. La cargaba con mucho amor, sin preocupación y le decía que todo estaría bien.

Cambia el escenario y me hallo en casa esperando al faraón. Ansiosa, quiero contarle sobre los símbolos que había recibido antes de dormir. Le comentaba que hoy al hacer mi práctica, había pedido al universo todas las energías sanadoras para ayudarme a sanar y ayudar a Overkill. Después había pedido ayudar a otras personas. Era tal la sensación de todas estas energías, que no sabía que hacer con ellas. Traté de canalizarlas hacia mi hermano para sanar su hígado. El resto, eran oleadas que entraban y salían de mi cuerpo. Sensaciones muy extrañas. Recordaba a mamá diciendo "recuerda que tú eres dueña de tu cuerpo y de tu mente, ten las riendas de tu mente".

Desperté sintiendo las oleadas de energía y aterrada porque no sabía que hacer con ellas. Corrí a la ducha. Tomé una ducha y repetí las palabras de mamá "soy la dueña de mi mente y de mi cuerpo". Ya que baje un poco el sol, saldré a hacer un poco más de QiGong y regresaré al universo aquellas energías que tomé prestadas. La próxima vez, una vez que concluya mi práctica, las mandaré de regreso.

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