martes, noviembre 08, 2011

Luna y fin

El estrés del trabajo me lleva emocionalmente a un torbellino sin salida. Decido salir desesperada a caminar. Salgo por la puerta trasera. La luna en su apogeo. Luna llena, luna hermosa. Luna de mi alma. Misma que veía cuando estaba contigo. Respiro profundo. Sollozo. Las nubes en la claridad del cielo, aunque anocheciendo, borreguitas pasajeras. Me acuerdo de ti cuando decías... "cuando las nubes parecen borreguitos, es que se viene el frio".

Caminé hacia el jardin del frente. Decidí entonces patear las calles. Subí a cuestas por la acera... en cada paso, las lágrimas desesperadas corrian atraídas por la fuerza de gravedad... Cada paso, sentía como cristales caían de mis párpados... sollozaba sin sonido, respirando profundo y sintiendo ese terrible dolor en el pecho. No el dolor físico, sino el del vacío que dejaste. Aunque decías que ya nada importaba y que en realidad trascendiste, me sigues haciendo mucha falta. Sobre todo ahora, que no tengo a quién platicarle mis penurias.

El Faraón aunque es un apoyo fuerte y tierno, no comprende todavía la magnitud de la pérdida de un ser querido. Más aún de una madre... una madre que siempre fue tan querida... tan adorada. Sigo paso a paso. Sin pensar, estamos en las calles de Justo Sierra, transportada en el tiempo y en el espacio, tu yo yo tomadas del brazo, caminando, riendo, viendo las casas... en la noche con las luces de adentro prendidas... pensamos en las miles de familias que hay en este mundo. A su vez, tantos mundos en cada casa. sus cortinas, su decoración... luego nos reímos de bobadas, palabras inventadas, términos locuaces... luego tus desvaríos filosóficos... que en su mayoría terminaban en risotadas con incontinencia "vejigal". Sonrío mientras sigo llorando. Cómo demonios te extraño.

Mi compañera, mi hermana, mi mejor amiga, mi madre. Eras todo en una. Llego a la otra cuadra, donde la acera abruptamente termina y continúa con césped. Me detengo. Curiosamente ese término abrupto coincide con tu partida. Con como me siento. Partida, abruptamente cortada, terminada, en vacío. Perdida.

Decido dar la media vuelta y volverme a casa. Cada paso una lágrima... una respiración profunda, una tristeza y un adiós. Observo las emociones y poco a poco me tranquilizo. Te amo. Te extraño.

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