El sonido del tren ha sido uno de mis favoritos desde niña. Cada que lo escucho, me recuerda cuando en la niñez viajábamos en él a Guadalajara a visitar a la linda abuelita materna. Salíamos por la noche en diciembre cada año antes de Navidad, a eso de las 8 y llegábamos por la mañana, tal vez a las 9 ó 10. Normalmente teníamos camarote con literas y desayunábamos en el restaurante a bordo. Los clásicos "hot cakes" con miel de maple o de abeja, café con leche y jugo de naranja.
Nos encantaba saltar de vagón en vagón, aunque a veces me producía temor... ver aquél suelo en movimiento que se asomaba entre las orillas de los vagones conectados.
Hoy escucho el sonido del tren mientras tecleo estas letras... sentada en esta incómoda cama, de este no tan cómodo departamento arrendado en el corazón de la ciudad potosina. Mamá está recostada frente a mi en la otra cama. Su sueño es profundo, su rostro terso pero sumamente delgado, la piel ya casi pegada al hueso.
Le sugiero apagar la luz. Me mira con ojos de súplica y me dice "todavía no hija", a pesar de que ya está con Morfeo. El overkill se enfermó, así que lo mandé a cuarentena a casa de la peque. El faraón llegó ayer y estará por una semana. Aunque me dio un inmenso gusto verlo después de cuatro largos meses de ausencia, no dejo de sentirme presionada por la situación.
Mamá ya es casi un 100% dependiente en todo. Bañarla, vestirla, cambiarla, alimentarla (cuando se deja) y apapacharla (también cuando se deja). De ser una dama sumamente independiente, física y emocionalmente fuerte... ahora no logra detenerse de pie por mucho tiempo y tiene muchos temores. Cuando le hacen preguntas, ya no contesta, me mira con preocupación y como sabe que sé sus respuestas, con una mirada sé que me pide que conteste por ella.
A veces me pregunto que pasará por su mente. Habla dormida (susurra) y cuando le pregunto qué sucede, ella me dice que no le haga caso, que habla dormida. Anoche preguntaba por el barandal (?)
Estoy emocionalmente hecha talco, aunque en su presencia finjo fortaleza. En silencio sollozo mientras me baño y me muerdo el puño para que no me escuche. Riño a diario con Overkill, no porque no lo quiera. Creo que mi temor se canaliza en furia y a veces no logro evitarlo. A menudo me encuentro disculpándome. No quiero convertirme en un monstruo.
Los quistes de ovario ya han de estar del tamaño de un dinosaurio, así que me tendré que ver en la necesidad de acudir al médico antes de la quimio de mamá. Tengo miedo. Siento desesperanza. No encuentro consuelo. Lo único que me mantiene a flote es el mantenerme inmersa en una rutina auto impuesta, en la que hago de todo. Aunque hay una señora que hace la limpieza tres veces por semana, cuando ella no viene hago lo propio. Últimamente se me ha agudizado la costumbre de lavarme las manos "n" veces durante el día, desinfectar "n" veces el baño. Empiezo a pensar que estoy desarrollando alguna especie de manía.
Tal vez la obsesión del "perfeccionismo" anda por regresar. La dejé en alguna parte después de la muerte de papá.
Lapsus brutus, anécdotas, sueños, recuerdos, pensamientos, cuentos, exabruptos...
domingo, diciembre 05, 2010
sábado, diciembre 04, 2010
En blanco...
Iba a escribir un montón de palabras y pensamientos... extrañamente, al encontrarme frente al computador, se me fueron... cual vil palomas de plaza cuando alguien se acerca... abur...
viernes, noviembre 26, 2010
Enseñanzas...
En la vida, siempre hay primeras veces. Lo que nunca imaginé que experimentaría o viviría, me ha sucedido.
A veces tiene uno la boca muy grande. De haber sabido el poder de las palabras, me habría callado algunas cosas desde pequeña.
La primera insensatez que llegué a decir en repetidas ocasiones es que yo no quería tener hijos. -Concedido.
La segunda estupidez que dije, que no quería vivir más de 40 años. -Estoy a tiempo para enmendar esta barbaridad.
La constante que dije durante mucho tiempo, que no valía la pena vivir. -Al igual que la segunda, a tiempo de no retar al destino.
Mamá en ocasiones durante nuestra corta vida también decía similares tonterías.
Cuando las situaciones se ponían difíciles y en repetidas ocasiones, una de las cosas que decía era que así reptara, no necesitaría de la ayuda de nadie. Como latigazo, el destino le dio muy duro. Ahora, tan débil que literalmente tiene que reptar, nos necesita más que nunca.
Hace muchos años, cuando era yo una puberta, mi tía yeyé me contaba sobre la metafísica. Sobre los decretos y esas cosas. Años más tarde, leí y vi el "Secreto". En fin, tantos avisos, a veces la novedad me animaba... pero al final... hice caso omiso.
Tras vivir la enfermedad de mamá, ahora me queda clarísimo que hay que tener cuidado con lo que uno piensa y aún más cauteloso con lo que uno dice en voz alta. También extremadamente consciente de lo que a uno le tiene miedo, porque seguramente eso sucederá.
En mi caso, a veces hablo por hablar... sobre todo cuando me dejo llevar por la ira y la estupidez. He dicho muchas cosas sin sentido, pero con la fuerza de la ira se ha logrado materializar. Tal vez las cosas no se dan en el momento, pero más tarde suceden.
No me queda más que perdonar mis estupideces, perdonarme a mi misma y pido perdón a cualquier persona que consciente o inconscientemente le haya hecho daño por mi insensata verborrea.
A veces tiene uno la boca muy grande. De haber sabido el poder de las palabras, me habría callado algunas cosas desde pequeña.
La primera insensatez que llegué a decir en repetidas ocasiones es que yo no quería tener hijos. -Concedido.
La segunda estupidez que dije, que no quería vivir más de 40 años. -Estoy a tiempo para enmendar esta barbaridad.
La constante que dije durante mucho tiempo, que no valía la pena vivir. -Al igual que la segunda, a tiempo de no retar al destino.
Mamá en ocasiones durante nuestra corta vida también decía similares tonterías.
Cuando las situaciones se ponían difíciles y en repetidas ocasiones, una de las cosas que decía era que así reptara, no necesitaría de la ayuda de nadie. Como latigazo, el destino le dio muy duro. Ahora, tan débil que literalmente tiene que reptar, nos necesita más que nunca.
Hace muchos años, cuando era yo una puberta, mi tía yeyé me contaba sobre la metafísica. Sobre los decretos y esas cosas. Años más tarde, leí y vi el "Secreto". En fin, tantos avisos, a veces la novedad me animaba... pero al final... hice caso omiso.
Tras vivir la enfermedad de mamá, ahora me queda clarísimo que hay que tener cuidado con lo que uno piensa y aún más cauteloso con lo que uno dice en voz alta. También extremadamente consciente de lo que a uno le tiene miedo, porque seguramente eso sucederá.
En mi caso, a veces hablo por hablar... sobre todo cuando me dejo llevar por la ira y la estupidez. He dicho muchas cosas sin sentido, pero con la fuerza de la ira se ha logrado materializar. Tal vez las cosas no se dan en el momento, pero más tarde suceden.
No me queda más que perdonar mis estupideces, perdonarme a mi misma y pido perdón a cualquier persona que consciente o inconscientemente le haya hecho daño por mi insensata verborrea.
jueves, noviembre 25, 2010
Aquí no se celebra...
pero a lo único que puedo contribuir en el famoso día de "Thanksgiving" es... que agradezco tener la oportunidad de convivir con mi madre y familia en mi país.
He dicho.
He dicho.
domingo, noviembre 21, 2010
Ilusión ilusoria
Sé que el título tal vez lo haya tomado de alguna frase muy utilizada por algún escritor de libros de superación personal... pero en realidad... el título de este post le va como anillo al dedo a lo que vivo últimamente.
No sé si ya soy un zombie ambulante... pero el caso es que últimamente ya hago todo en automático y existen momentos en que no recuerdo lo que pensabe en instantes anteriores. Trato de llevar una rutina, que se rompe cuando salimos al hospital o cuando voy a comprar víveres.
He tan llegado al grado de no querer pensar en mi presente, que me ausento de él... a veces sólo mi mente está en blanco, en otras ocasiones, mi mente se pierde en tonterías como el día de hoy. El Dr. O. es algo así como un héroe para mí. No sólo fue él quien recibió la penúltima vez a mamá en urgencias, sino el tío que se esmeró en presionar a aquél directivo para que le autorizasen el tratamiento que le negaban, intentando convencernos de ir a otras ciudades a conseguirlo.
Después de eso, una vez más cuando la dra. aquella no estuvo, él se encargo de darle seguimiento a sus dolencias. Ayer se apareció casualmente por los pasillos del hospital mientras estaba fuera de la habitación de mamá hablando de no sé qué cosas con hermano y tía. Tímido (como antes no lo había percibido), los ignoró y me saludó mientras se sonrojaba. En ese momento sentí algo extraño que no había sentido en un largo tiempo. No sé describirlo... pero recordé como cuando a los trece años, mientras holgazaneaba en la cama antes de levantarme por las mañanas, fantaseaba por horas de "n" estupideces.
Lo recordaba hace algunas horas mientras le preparaba un jugo a mamá en la cocina... y surgió un diálogo interno y un tanto absurdo y sarcástico en mi ya tonta cabeza:
(Recordando la conversación de hace horas)
Dr. O: Hola Nefer, tu mamá en quimio?
Nefer: Hola Dr, como está?, no... la quimio la tuvo hace un par de días... está en transfusión
Dr. O: ah, sí, entonces la estan transfundiendo... ok... (titubeo)... por favor, salúdala de mi parte
Nefer: gracias dr, de su parte...
(Luego, mi mente creativa se dió a la fuga, continuando con el absurdo en mi cabeza)
Dr. O: -viendo que no llevo anillo en el anular izquierdo, sonríe tímidamente y se acerca-
Nefer: Dr... no le apetecería echarse un brinco?
Dr. O: mmmhh tengo guardia esta noche
Nefer: no hay problema, está el edificio de enfrente. Tal vez consigamos el arnés y las ligas
Dr. O: por qué no, claro. Hay que programarlo
(En mi mente cansada y sólo pensando incoherencias, substituyo lo del brinco al vacío por una noche pasional. No porque me haya gustado el tío, en realidad como lo dije anteriormente es un tanto extraño. No me parece atractivo, ni habría motivo para pensar en ello. A qué loca se le ocurre en semejantes circunstancias -madre en problemas de salud, yo una mujer casada- estar pensando en tanto disparate. No sé cómo, ayer aquél doctor despertó en mí algo que estaba muerto por tanto tiempo. No sé describir la sensación ni el sentimiento. Tal vez el hecho de verlo nervioso y tímido sólo hizo que mi corazón sintiera un pequeño pellizco).
No sé ni lo que escribo, ya estoy desvariando, son las casi dos de la mañana y yo tecleando necedades y estupideces. Tal vez ya estoy perdiendo la razón... creo que necesito darme un respiro, tomarme unas pastillas para dormir y hacerlo por tres días seguidos. Tal vez así, despierte de nuevo a la triste realidad que me espera y vuelva al cabal juicio.
Lo sé, estoy perdiendo la razón.
No sé si ya soy un zombie ambulante... pero el caso es que últimamente ya hago todo en automático y existen momentos en que no recuerdo lo que pensabe en instantes anteriores. Trato de llevar una rutina, que se rompe cuando salimos al hospital o cuando voy a comprar víveres.
He tan llegado al grado de no querer pensar en mi presente, que me ausento de él... a veces sólo mi mente está en blanco, en otras ocasiones, mi mente se pierde en tonterías como el día de hoy. El Dr. O. es algo así como un héroe para mí. No sólo fue él quien recibió la penúltima vez a mamá en urgencias, sino el tío que se esmeró en presionar a aquél directivo para que le autorizasen el tratamiento que le negaban, intentando convencernos de ir a otras ciudades a conseguirlo.
Después de eso, una vez más cuando la dra. aquella no estuvo, él se encargo de darle seguimiento a sus dolencias. Ayer se apareció casualmente por los pasillos del hospital mientras estaba fuera de la habitación de mamá hablando de no sé qué cosas con hermano y tía. Tímido (como antes no lo había percibido), los ignoró y me saludó mientras se sonrojaba. En ese momento sentí algo extraño que no había sentido en un largo tiempo. No sé describirlo... pero recordé como cuando a los trece años, mientras holgazaneaba en la cama antes de levantarme por las mañanas, fantaseaba por horas de "n" estupideces.
Lo recordaba hace algunas horas mientras le preparaba un jugo a mamá en la cocina... y surgió un diálogo interno y un tanto absurdo y sarcástico en mi ya tonta cabeza:
(Recordando la conversación de hace horas)
Dr. O: Hola Nefer, tu mamá en quimio?
Nefer: Hola Dr, como está?, no... la quimio la tuvo hace un par de días... está en transfusión
Dr. O: ah, sí, entonces la estan transfundiendo... ok... (titubeo)... por favor, salúdala de mi parte
Nefer: gracias dr, de su parte...
(Luego, mi mente creativa se dió a la fuga, continuando con el absurdo en mi cabeza)
Dr. O: -viendo que no llevo anillo en el anular izquierdo, sonríe tímidamente y se acerca-
Nefer: Dr... no le apetecería echarse un brinco?
Dr. O: mmmhh tengo guardia esta noche
Nefer: no hay problema, está el edificio de enfrente. Tal vez consigamos el arnés y las ligas
Dr. O: por qué no, claro. Hay que programarlo
(En mi mente cansada y sólo pensando incoherencias, substituyo lo del brinco al vacío por una noche pasional. No porque me haya gustado el tío, en realidad como lo dije anteriormente es un tanto extraño. No me parece atractivo, ni habría motivo para pensar en ello. A qué loca se le ocurre en semejantes circunstancias -madre en problemas de salud, yo una mujer casada- estar pensando en tanto disparate. No sé cómo, ayer aquél doctor despertó en mí algo que estaba muerto por tanto tiempo. No sé describir la sensación ni el sentimiento. Tal vez el hecho de verlo nervioso y tímido sólo hizo que mi corazón sintiera un pequeño pellizco).
No sé ni lo que escribo, ya estoy desvariando, son las casi dos de la mañana y yo tecleando necedades y estupideces. Tal vez ya estoy perdiendo la razón... creo que necesito darme un respiro, tomarme unas pastillas para dormir y hacerlo por tres días seguidos. Tal vez así, despierte de nuevo a la triste realidad que me espera y vuelva al cabal juicio.
Lo sé, estoy perdiendo la razón.
sábado, noviembre 20, 2010
Labor Altruista
Estimado lector, requerimos de un paquete de sangre el día de hoy para mi mamá, ya sólo falta un paquete de dos... aquí los datos. San Luis Potosí.
domingo, octubre 31, 2010
Domingo tedioso
Los domingos siempre me han parecido una tortura china... desde niña:
Levantarse temprano, bañarse, vestirse bien porque iríamos a donde la abuela paterna. Una mujer súmamente crítica y de mala leche.
Estar sentados como estatuas en aquellos sillones ridículos forrados de plástico, escuchando a mi padre cantar ópera mientras que la tía (igual que la madre de mala leche) tocaba el piano a disgusto.
Papá parecía disfrutarlo... yo disfrutaba de su canto, pero no de la compañía. Mamá al igual que nosotros, como muñeca de porcelana, sentada sin moverse mucho, ya que cualquier movimiento o sonido sería severamente juzgado.
Después de comer aquella comida y escuchar las mismas conversaciones, subíamos al estudio del abuelo a hacer la tarea. La casa era tenebrosa. Había mala vibra.
Sólo se hablaba de ópera, de las grandezas de los miembros de la familia, de egos, de críticas de otras personas (las dos mala leche masticándo a media humanidad) y fastidiando a mi mamá.
"Pobrecitos, mira cómo su madre no los cuida", decía aquella anciana, con toda la envidia en su mirada.
- mentirosa - me decía yo mentalmente... ella qué sabría del trato de mi madre.
Ya fallecido mi padre, los domingos eran un agujero negro... nada lo podía llenar. Me levantaba tarde, prendía el televisor y me embrutecía con series de televisión hasta que hastiada la apagaba. A veces salía con amigos, pero no dejaba de sentir ése enorme vacío.
Hubo épocas en las que salía con amistades del trabajo o de la universidad y los domingos los utilizaba para cargar baterías o curar las crudas (hubo tres significativas borracheras y la última, la que me hizo jurar no tomar ni una gota más en lo que restara de mi existencia).
Sólo me gustaban los domingos cuando la pasaba con personas que robaron un pedazo de mi corazón... y otros que me robaron hasta la razón.
A veces acompañaba a mi abuelita - la buena, la materna - a misa... papá detestaba que desde niña, mi abuelita a escondidas me llevaba. Debo confesar que a mi me gustaba... me parecía todo un misterio, ya que en casa, papá imponía el ateísmo.
Ya casada, los domingos pasaban sin ton ni son, haciendo labores hogareñas, preparándo cosas para la semana por comenzar. Pero el vacío siempre estuvo ahí.
Hoy, me encuentro en un sillón de hospital tecleando estas abúlicas letras, observando a mi madre dormitar. Cada hora ayudándola con sus masajes, sus ejercicios respiratorios y cuanta cosa suceda en el instante. Aún así, en los periodos de silencio y dormitación, siento un boquete en el corazón. No sólo aquél agujero negro que me chupaba desde niña, sino ahora un tornado invertido que me sigue succionando y que no le veo fin.
Este boquete me está consumiento el corazón y la razón.
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