Pudiendo ser las cosas tan sencillas, el ser humano siempre se encarga de complicarse la existencia... pero bueno, que no me voy a echar un verbo sobre lo que traigo en la cabeza en estos momentos, porque no es positivo.
A pesar de haber tenido 3 días de "descanso", sigo agotada... creo que es hr. de ir a ver a un médico, pues esto ya no es normal. Se lo atribuía al nuevo horario, pero después de 3 semanas era como para que ya me hubiese acostumbrado. Despierto con el corazón palpitando demasiado fuerte, aunque lento.
Hoy medité por la mañana y me ayudó de mucho, después de las 108 postraciones de rigor. Llegué a un estado de concentración al que no había llegado en mucho tiempo.
Quisiera sentirme con la certeza de que todo estará bien. No me gustan los temores ni los apegos... sigo luchando contra ellos. A lo mejor el día que deje de luchar, se irán por sí solos. Tal vez sólo tengo que cerrar los ojos y lanzarme al vacío y dejar ir... como los que se avientan del "bonyi" --> ni idea de como se escriba, pero bueno.
Recuerdo perfectamente el día que comencé a tener temores. Antes, era totalmente aventada a todo... y el día que me estampé por primera vez, cuando iba con la peque en mi primer auto, con ese choque, se me fue la valentía, la seguridad... todo.
Después de aquél castañazo, me vino una racha de malas pasadas... bueno, a decir verdad, antes del choque, conocí a un tío al que llamaré "bunga-bunga" (materia para otro post)... poco después vino la muerte de papá, y de ahí una sucesión de imperfectos.
Después del choque, pasé un mes sin auto... eso no fue negativo, lo más triste es que mi madre nos compró un auto nuevo (el otro, quedó floreado) y me sentí cucaracha. Luego, en el auto nuevo, estacionada brevemente en el correo para echarle una carta al novio en turno - vivía a unos casi mil km -, unos gitanos abrieron el auto y se llevaron todo: 2 mochilas y dos bolsas (de una amiga y mías, junto con los apuntes de la universidad, de otra de nuestras colegas). Meses después, estando con la misma amiga, un borracho nos chocó por detrás el auto nuevo.
En fin... el caso es que a partir del inicio de esas "calamidades", mi fortaleza y seguridad y aquella niña intrépida... se fueron al caño. Me hice desconfiada y miedosa. Después, poco a poco fui recogiendo los pedazos. Años más tarde, castigué la cobardía.
Me gradué de la universidad, dejé de ver a aquél "novio" y viví un sin número de situaciones en las que me di algunos descalabrones y en otras, me sentí orgullosa.
Como a todos nos pasa, uno se equivoca. Toma decisiones y sin tener muy claro las consecuencias de esas decisiones, se tira uno a ese vacío confiado, en el que uno piensa que tiene la vida ya hecha. Pero NO: NO ES ASÍ... la vida apenas empieza y lo sigue a uno aporreando para recordarle que como aquél dicho, no hay que ser camarón... porque seguro te arrastrará la corriente.
Unos cuantos años más y al echar un vistazo, se ve uno en la vida de un extraño, (en mi caso) basado en una enorme mentira y sintiéndose desnudo y desprotegido. No tengo nada. Absolutamente nada. Soy nada... soy nadie. Todo lo material no importa, las relaciones con la familia, amigos y compañeros, aunque están alrededor, no hay más que una cosa... Este ser, cuya identidad sigo sin conocer, aunque a veces se deja ver, a veces me juega bromas de mal gusto. A veces me susurra al oído verdades que no quiero escuchar y cuando tuve la oportunidad de escuchar, me seguí de largo. Es este ser, el que a veces me pone en aprietos, porque me recuerda que la razón a veces tiene que dominar al corazón. Por que a veces ese corazón se deja engañar una y otra vez.
Desapego... desapego.