Ya cuando empiezan a venir pensamientos intrusos, empieza el ciclo de compilación infinita...
Basta con un recuerdo que como flama, inicie un fuego incesante de pensamientos que se propagan en bucle. Me pregunto cómo te encontrarás. Aquella última vez te reportaste para avisar que andabas fuera. Después... silencio.
Después se desencadena la afluencia de ideas y posibilidades. Me cuestiono por qué no te he escrito o buscado. Es absurdo, porque en realidad la misma vida nos lleva y nos ha llevado por caminos opuestos. Sólo que ésta vez, ya no ansío estar al pendiente de ti a todo momento. Tal vez era aquella obsesión compulsiva de estar al tanto de todo detalle de todas las personas que estimo y quiero. O en pretérito. No es que no haya ese cariño. Simplemente la energía está distribuida de otra forma.
Ahora, como que el reparto de energía es la siguiente:
Si recibo energía positiva, hay reciprocidad. A veces tardo en la reciprocidad, pero se dan momentos en los que cuestiono si vale la pena invertir esa energía en ese espacio y en ese tiempo.
Si la energía dirigida a mi se siente mínima o deliberadamente alterada, la evado a toda costa. Desde que no tengo pechos, todo se siente en exceso, sin importar que estén aquellos escudos de silicona.
Regresé de alguna manera a la meditación. Gracias al faraón que de cierta forma me forzó a ir a un retiro de meditación tibetana, enfocada a la longevidad. No cabe duda que mi ancla en la cordura es el Faraón. Si antes (muchos años antes) tenía dudas, hoy lo tengo claro. Nos teníamos que encontrar en esta vida, para ubicar el uno al otro.
Tengo muchos temas pendientes por escribir. Tal vez publique encabezados y regrese después a llenar los textos. Servirán de marcadores de ideas...