miércoles, septiembre 23, 2009

Cobardía...

"Falta de ánimo y valor"... definición que da la Real Academia de la Lengua Española...

cobarde
.

(Del fr. couard).

1. adj. Pusilánime, sin valor ni espíritu. U. t. c. s.

2. adj. Hecho con cobardía.


Si hay algo en esta vida que me molesta y a veces me da flojera, es que la gente cometa hechos o tenga actitudes cobardes. Estos pueden ser desde los más mínimos y estúpidos, hasta los graves y enredosos.

Un ejemplo de un acto mínimo de cobardía y que además raya en lo estúpido y a veces hasta sin importancia sucedió esta mañana:
Uno de los ejecutivos/consultores con quienes trabajo, aparentemente está de regreso en la ciudad. El tío vive en Florida y al parecer se hospeda en el hotel que se encuentra en el edificio.
Entré por la puerta revolvente al inmueble y nos encontramos de frente, en un momento me vio y titubeó en saludar y se hizo como que la virgen le hablaba, era tan obvio que me vio y aún así hizo como que no me conocía o que no me había visto y se siguió de largo. Un simple hecho/actitud que puede parecer una nimiedad y yo sólo me pregunto, ¿por qué es la gente así? pudo sólo decir buenos días y punto. O bueno, si no le daba la gana saludar, hay otras formas de hacerlo mediante gestos. Pero bueno.

En otras ocasiones y me ha pasado con infinidad de gente, en algunos casos con personas que eran muy cercanas, si sucedía algo se limitaban a decir lo contrario a los hechos o por quedar bien con alguien o por temor a meterse en problemas, sin importar si yo salía afectada. Claro, dirás tú estimado lector, "las actitudes humanas"... sí... pero hay algo que se aprende y desde niño, o al menos eso lo aprendí y me lo inculcaron: cuando estás en un aprieto, lo mejor es decir la verdad y hay que asumir las consecuencias y responsabilidades relacionadas con los hechos que se presentan y no hacerse el loco, bailar la macarena, platicar con la virgencita o echarse a correr.

No digo que yo soy la mujer perfecta, yo cometí la más grave de las cobardías: correr de mí misma. Y claro, las consecuencias ya las he vivido y poco a poco trascendido. No hay de otra, como diría un muy buen amigo mío y mentor "hay que echar pa'lante" me decía mientras trabajábamos a altas horas de la noche en aquella oficina de negreros.

Pero al menos me doy a la tarea de aprender y asumir mis responsabilidades cuando situaciones sencillas o graves se presentan. Al toro por los cuernos, no hay de otra.

Otra de las situaciones que me dan flojera son los tíos que le tienen "miedo" a las mujeres, en el sentido personal, profesional, económico... Los que dicen verdades a medias para que uno "no se enoje" o simplemente mentiras "para que no se sienta mal". Prefiero una cruda verdad a una cobardía insultante, como si uno no se diése cuenta de las cosas.

¿Y a qué viene todo esto? - ni idea, pero me han pasado tantos detallitos en tan poco tiempo que me traen a la mente otras tantas cosas, como el que te dice que no te vio cuando estabas en sus narices.

Ahora que si me pongo a filosofar y a aplicar algo del Zen, no me deberían molestar este tipo de situaciones, por lo que seguro el Ego está interfiriendo. - ¿Qué no sería más fácil que la gente fuera sencilla y directa y falta de complicaciones?

¿O qué... soy yo la complicada?

1 comentario:

Animal de Fondo dijo...

Nefer, no tengo mente para generalizar, pero a partir de los dos casos que cuentas, te diré, en secreto, lo que hago yo. En el primero, saludo siempre; como soy tan despistado, siempre tengo miedo de no saludar a alguien que pueda conocer y que se me tome por estiramiento o algo así, así que no puedes imaginarte la cantidad de desconocidos a los que saludo con una sonrisa. Basta con que una cara me suene de algo.
En el segundo, casi prefiero que sean así y no me digan lo que de verdad piensan. Si fueran amigos, me dirían sin rodeos lo que hay, como haces tú y hago yo. Pero ellos se violentan tanto en las pocas veces que los he visto obligados a hacerlo que la situación se pone desagradable, porque se encuentran entre la espada y la pared cuando la cosa por lo regular tampoco tiene tanta importancia. Es como las habladurías sobre mí. A lo único que aspiro es a no conocerlas, no a que no existan.
Y en lo que estoy completamente de acuerdo contigo es en que "lo que te inculcaron" es lo mejor que se puede hacer.
¿Ego o falta de ego? A veces pienso que la falta de ego produce unos efectos parecidos a los de un ego monstruosamente grande, que abarca la condición humana.
Un abrazo.

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