jueves, septiembre 29, 2005

Sueños que dejan huella

Estaba recordando que en alguna época de mi vida pasada, estaba en aprietos, tenía tiempo de haber dejado el Prozac y había regresado para estudiar la segunda carrera.
Recuerdo que tuve la conciencia del tiempo perdido en la primera carrera, porque ahora era yo la que pagaba la colegiatura, y además trabajaba. No tenía tiempo más que para trabajar y estudiar y apenas me alcanzaba para comer.
Mi madre andaba en sus ondas locochonas y me platicó de Sai Baba. Nunca había creído en cosas sobrenaturales ni mucho menos. Así que la escuché con poca paciencia y me dijo "mira hija, cuando sientas depresión o no tengas fé en algo, sólo húntate estas cenizas que te voy a dar, te sentirás mejor".
Recuerdo que meses después, estaba en la biblioteca tratando de repasar. Estaba sumamente estresada y nada me entraba.
Buscando mi calculadora en la bolsa, me topé con el sobrecito de cenizas. Recordando los consejos de mi madre, tomé el sobre y leí las 3 frases que venían antes de abrirlo:
"Empieza el día con amor, llena el día con amor, termina el día con amor... ese es el camino hacia Dios". En fin, le dije "Sai Baba, no sé si esto vaya a funcionar, pero iluminame para que se me abra la mente y me pueda concentrar. Me hunté las cenizas en la frente, corazón y no recuerdo dónde más... Me olvidé del asunto.
Pasó el examen y al parecer me fue bien. Llegando a casa esa noche, tuve un sueño extraño. Veía que en la escuela, toda la gente se agrupaba a la salida de un salón de aulas IV (como lo recuerdo de la prepa)... pregunté a algún incauto que qué pasaba... "está Sai Baba"... me aproximé al salón y ví a una persona con la cabellera afro al estilo micrófono, vestido en una túnica blanca. Me sentaba frente a él y comenzábamos a hablar. Le dije que mi vida no tenía sentido, a lo que respondió que yo estaba en esta vida con un sólo propósito, dar amor. Le dije resignada y suspirando, que no tenía amor. Inmediatamente me dijo que yo tenía mucho amor que dar, que buscara mi camino.
Cuando desperté, le platiqué a mi madre y soltó lágrimas de incredulidad, yo en la vida había visto a Sai Baba y según ella, nunca lo había visto de blanco. Con curiosidad le dije que la acompañaría a aquél templo, en la Roma. Nos fuimos de espaldas al ver que a la entrada, tenían un póster tamaño natural de Sai Baba vestido en túnica blanca.
Han pasado algunos años después de ese sueño... aún sigo en mi búsqueda... al menos en aquél entonces sabía qué quería. Hoy, ya no lo recuerdo.

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