domingo, marzo 03, 2019

Día 1: Zombie

Sentada frente al ordenador... sigo en estado de shock.

¿Cómo se le da semejante noticia a alguien?

Después de haberle informado a un grupo selecto de personas, me siento ambivalente ante la situación. Es enorme el apoyo que he recibido. Soy afortunada de tener un grupo, una comunidad en la cual apoyarme.

Me niego a decir la palabra. Siento que si la imprimo, de alguna forma quedaría marcada y no podría borrarse.

En mi cabeza 7 ciclos de 7 primaveras... 49... número non.

Mi abuelita Anita me leyó los alfileres cuando tenia 26 años. Al principio renuente, la convencí de que me leyera 'el destino'.
Tras algunas cosas, me dijo consternada 'Mijita... no me gusta leer los alfileres porque luego tengo que dar malas noticias y no puedo'. La convencí de que por favor continuara y que me dijera todo lo que veía. 'Hijita, veo... que vas a estar enfermita', atónita miraba a los alfileres y con vacilación me miraba y me tomaba de las manos.. 'Continúa abue!' le dije con urgencia y tomándole una mano diciéndole que no pasaba nada, que siguiera... 'vas a estar malita... pero te vas a componer'. Después de eso, no quiso continuar y me dijo que mejor me enseñaría a leer los alfileres.

Esto vino a mi mente mientras tecleo estas letras... ¿sería esto a lo que se refería?

Dormí poco. Traté de seguir mi rutina cotidiana, pero me sentía exhausta:
Desperté con el sonido de los pájaros y el toqueteo del pájaro carpintero en algún árbol cercano... me di una ducha, bajé a desayunar, preparé un cambio de ropa para después de la danza.

Mientras me vestía, escuchaba el canto de cortejo de un ave. Es curioso, estimado lector. No sé cómo explicarlo. Pero cuando uno se encuentra en estas condiciones, como que los sentidos se magnifican. Los sonidos son más fuertes, las luces más intensas...

Llegué a clase y todo parecía surreal. Entré al edificio y vi caras conocidas, saludé como siempre y a la mexicana, con un abrazo y un beso en la mejilla. Firmé la entrada y me dispuse a caminar hacia la fila para entrar al salón.

Mientras esperaba, veía la mezcla de caras, conocidas y desconocidas, todas reunidas en un mismo lugar, con esa felicidad de anticipación por entrar a bailar. En mí, al momento no había emociones, sólo observación. Como si yo no fuese yo. Como un tercero viendo una película desde fuera.

Dio la hora y entramos al salón. Decidí no bailar al frente, pues no sentía mucha energía. Una compañera de la clase me preguntó qué hacía en aquel lugar cuando siempre estaba al frente y al espejo... le dije que me sentía un tanto indispuesta. Con voz dulce y preocupada se acercó ¿qué tienes querida?... me detuve un segundo y con titubeo le dije de mi condición.

'Lo siento mucho!, pero sabes? yo también tuve cáncer hace diez años, y ¡mírame!, ¡vas a estar muy bien! ¡hay tantas formas de tratar la enfermedad!, ¡¡¡déjame ayudarte!!!, comenzó la música y nos pusimos en nuestros sitios.

Comenzó la clase y comencé a moverme. No puedo mover mucho el brazo izquierdo después de la biopsia, pero traté de hacer lo mejor que pude. Por primera vez me sentí vulnerable y débil. Pero continué... en una de las canciones, no logré controlar el llanto y traté de disimular...

Concluí con la clase... y con las ideas que tenía en mente...


2 comentarios:

Susy Blog dijo...

Dicen que la Fe mueve montañas y yo creo...
Te mando un saludo y abrazo fuerte :)
Andaré por aquí leyéndote

norma ascencio dijo...

Nefer... Algo raro sentí al ver aquella foto que publicaste. Con la invitación a la pirámide sabía lo que iba a leer... Y también sé que vas a estar bien. Todo pasa. Bendita puerta. Te abrazo y mando un beso, a la mexicana
, Pero el abrazo suavecito.

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