viernes, enero 24, 2014

Sesos

Estoy en el pasillo de aquella casa. Mamá se acerca con la peque con una mesa de ruedas cubierta con un mantel blanco. En el centro de la mesa, surge algo parecido a un tazón con sesos. Mientras mamá indica que preparó sesos frescos y la peque inquieta y ansiosa, todos estamos por comer los sesos.
Mientras hacemos lo propio, algo se mueve debajo de la mesa. Es un chango bebé, que como buen plato africano, le cortaron las cuerdas vocales y trata de hacer aspavientos mientras nos comemos sus sesos.

Alarmada le comento a mamá que vivimos en los Estados Unidos y que es delito matar simios y que seguramente iríamos a la cárcel.

Todo el día yo preocupada tratando de evadir la situación y no levantar sospechas.

Papá se encuentra en la cocina. Sentado con serenidad y viendo hacia sus manos mientras las frota, le dice a mamá:

"Kira, lija al chango hasta que se haga polvo, y luego lo echas al jardín".

Suena el depertador.

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