jueves, enero 01, 2015

Un Año Más


El título de esta entrada sonó como a reproche. Pero en realidad es sólo una oración para indicar sólo un imaginario lapso de tiempo que los humanos nos inventamos para re inventarnos.

A diferencia de los años nuevos a lo largo de mi vida, éste lo pasé sólo en compañía del Faraón. No fui a mi tierra natal, ni vi a mi familia sanguínea.

Decidí no pasar ni Navidad ni Año Nuevo fuera de mi casa. Terminé un año exhausta, malnutrida y un tanto ansiosa.

Tuve mi chequeo anual días antes de concluir el 2014:

De todos los estudios sanguíneos, sólo un ligero gran problema:
Anemia (si claro, ya la he tenido antes) debido a bajos niveles de hierro. La diferencia esta vez es que mi hemoglobina permaneció estable, 9 de 12, o sea por debajo del límite inferior, pero el hierro de 49 bajó estrepitosamente a 15.

Recibí el año en cama, con un abrazo del Faraón y sintiendo que mi cerebro sería desconectado. Algo así como una escena de The Matrix, donde algunos miembros de la tripulación son desconectados de sus cerebros sin consentimiento alguno.

Después de caer en un sueño accidentado con el uso de melatonina, a eso de las 2 de la mañana, desperté a las 7.30, sintiendo que era un fantasma. Decidí dormir una hora más, para luego forzarme a salir de la cama, comer un desayuno grande con dosis de vitaminas (taurina, hierro, complejo B, C) antes de prepararme física y mentalmente para la fiesta de fin de año de mi clase de baile.

La clase consta de 10 canciones con 10 diferentes coreografías, más sección de abdominales, etc. Esta clase sería de 14 canciones, o sea 14 coreografías. Si a 10, he estado haciendo 8 porque mi cuerpo no me da para más, hoy hice 12 de las 14 y salí extremadamente mareada. Tuvimos una pequeña reunión en el lobby del ballet de Cincinnati. Hicieron brindis, para el que lo hice con jugo de naranja y de ahí sólo los amigos cercanos nos fuimos a comer a Mazunte. Restaurante de comida mexicana, que se le acerca mucho a lo tradicional.

Después de comer, sentí que mi cerebro no funcionaba. Mis amigos platicaban y yo no entendía nada de lo que decían. Como si de repente se hubiesen puesto de acuerdo para hablar en extraterrestre.

Le pedí al Apio que si por alguna razón no lograba llevarlo de regreso a su casa, que por favor el manejara (nos turnamos para manejar) y como zombie lo llevé hasta su casa y como pude llegué a la mia.

El Faraón bromeaba en que si quería ser cremada. Le dí instrucciones precisas excepto el lugar donde esparciría mis cenizas.

Tomé un baño y me fui directo a la cama. Eran como las 6 de la tarde. Desperté a las 10 sintiendo que mi cerebro no era mío.

Recibí una foto que me alarmó sobre el estado de salud del Overkill.


1 comentario:

Víctor Manuel Ramos dijo...

Qué curioso encontrarme con tu blog, buscando alguna otra cosa, después de algunos años de no verlo. El mismo estilo críptico, nada menos de esperarse si la voz viene desde un sarcófago.

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