martes, octubre 02, 2012

Aurora austral

Caminaba como parte de una larga procesión hacia la punta sur del globo terráqueo. Al parecer estaba ahí por cuestiones de trabajo, pero caminábamos entre montañas y a la orilla de un largo río.
Era de noche y el universo se veía de mil colores. La noche estrellada y una ola de luz de colores se reflejaba en el cielo y en el río.
Desperté brevemente. Volví a cerrar los ojos... me encontraba en un auto. Mi hermana conducía, yo iba de copiloto y sus tres pequeños iban en el asiento trasero. Mi hermana vociferaba mientras yo en silencio y con tranquilidad la observaba y escuchaba. No hacía caso de sus palabras, sino de su reacción... era un dolor profundo, tratando de maquillarlo con aquella coraza de niña fuerte que no llora, pero que por dentro se está desmoronando. Le pedí que se tranquilizara, que yo conduciría. Íbamos hacia un parque de diversiones. En realidad era más como un centro comercial... caminábamos por estrechos pasillos porque veríamos aquella aurora, la misma que yo había visto antes, pero en esta ocasión en una simulación hecha por Disney. De repente, mamá aparecía detrás de nosotros. Se acercaba e indicaba que tenía un resfriado, que no se sentía muy bien, pero que había tomado un trago de tequila para quitar la gripe. Yo preocupada pensaba en aquellos círculos en el hígado. Mamá caminaba despacio... notaba que se sentía muy mal, pero nos seguía. Yo la sostenía del brazo y la animaba a subir aquellos peldaños para continuar en todos aquellos pasillos y en el horizonte se comenzaba a ver aquella imagen del principio del sueño...
Mientras caminaba, pensaba en que por cuidar a mamá, no podría volver a aquella procesión.
Frente a nuestros ojos, el universo en todo su esplendor y la aurora ondeando en el cielo, que en realidad ondeaba en el techo de aquél simulador. Casi al llegar al final, no era mi linda madre a la que yo detenía por el brazo, era mi abuelita linda. Llegábamos a los asientos finalmente.
Me despertó el faraón con un beso en la frente y deseándome un bonito día. Colocó a Señor Perro en mi cuello y como si fuese yo una chiquilla, me dijo... "cuida a Señor Perro".

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