martes, junio 19, 2012

Sun Gazing & Opera

Por azares del destino descubrí a lo que llaman "sun gazing" que consiste en una práctica espiritual y de auto sanación a través de la observación directa del sol al momento del amanecer y al anochecer... justo cuando el sol está por salir o por meterse. Recomiendan mirar directamente al sol durante 10 segundos el primer día, incrementando en 10 segundos cada día hasta llegar a 45 minutos, que es cuando el sol no emana rayos ultra violeta y no es perjudicial para la vista.
He leído y visto videos de gente que ya ha logrados varios minutos y sus experiencias no sólo físicas, sino espirituales y trascendentales. Muy interesante. Por mi parte, llevo sólo tres días de hacerlo. lo he hecho 10 segundos cada día durante la mañana y al atardecer, pero no he encontrado un lugar apropiado, ya que mi jardín está rodeado de altos árboles que cubren el sol, así que lo he visto indirectamente a través de los árboles. Estoy planeando hacerlo en algún parque que se encuentre elevado, para así hacerlo con los pies descalzas y sobre la tierra, para una mayor conexión.
Se dice que se activa la glándula pineal, logrando mayor equilibrio hormonal, además de experiencias espirituales fuertes, la apertura de los chakras y del "tercer ojo".
Yo lo hago por salud, para ver si logro recobrar energía (que si se siente), a parte de combinar con meditación y Qi Gong. Ya estaré posteando lo que acontece una vez que vaya incrementando el tiempo.

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Papá y yo nos encontrábamos tras bambalinas en un teatro. El me indicaba que lo acompañaría cantando en la ópera "L'elissir d'amore" de Donizetti.

¿Cuándo será la obra? -dije yo- ¡Hoy! en unas horas... así que ve practicando, vocalizando y viene el entrenador de dicción para que te enfoques.
Papá, pero ¡¿porqué no me avisaste con anticipación!? ¡¿porqué el mero día?! - sin escucharme se apresuró a maquillarse.



Yo mortificada porque no me sabía los diálogos ni las arias completas, hacía más de 20 años que ni siquiera escuchaba la ópera, ni la cantaba. Era tan doloroso el tan sólo recordarla que a quienes me rodeaban les decía: ¿pero por qué no mejor cantamos La Traviata... ¡esa sí la tengo fresca! - pero todos me ignoraban, me decían que vocalizara y me enfocara a la noche de gala.  Les pedía las partituras, nadie me hacía caso. Ni siquiera me daban las partituras para que yo pudiese recordar los diálogos, arias y duetos.

Iba a maquillaje y vestuario. No tenían nada para mi. Así que a la tía... sí, la hermana odiosa de papá, le pedía su maquillaje. Me señalaba aquella mesita con una paleta llena de diferentes colores, pero eran acuarelas y tóxicas para la piel. Yo le comentaba ésto, pero la tía sólo se encogía de hombros y se retiraba sin chistar.

De vestuario, tenía yo puesto un kimono, mismo que papá me había regalado a los 13 años cuando regresó de su viaje a Japón. Los pendientes que traía puestos en los lóbulos de mis orejas eran dispares, uno largo y llamativo, el otro un simple arete de calle. Me sentía totalmente insegura e indecisa. Finalmente me salía con la mía, la ópera procedía sin mi. Es más, al parecer la cancelaron. Tras avisarles a todos que me había avisado de última hora, resignados seguían con ensayos de la siguiente ópera.

Desperté temprano. Aunque el amanecer estaba en su apogeo, no logré salir a tiempo para el famoso "sun gazing".
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