jueves, marzo 10, 2011

Ana Mari

¿Sabes? hoy tuve una entrevista de trabajo. La segunda con la misma empresa. La verdad es que no me he esforzado en buscar otras opciones, porque sigo cansada... nuestro trajín de los meses anteriores me agotó en todos sentidos. Hoy tuve el impulso de llamarte después de la entrevista, para darme cuenta fracciones de segundo después, de que ya no tengo a dónde llamarte. Se me hace todo tan extraño... por un lado sé que ya no estás, pero por otro, siento que sigues entre nosotros.

Hago un diálogo mental contigo en el que te platico mi experiencia y tu asientes y me reafirmas:
Nefer: hola ma! cómo estás!?
Mamá: muy bien mi reina, que tal?
N: hoy tuve una entrevista de trabajo! la segunda después de aquella telefónica...
M: y como te sentiste, como te fue?
N: pues me sentí segura y yo pienso que me fue bien, al menos la comunicación fluyó sin problemas con las 4 personas que me entrevistaron hoy
M: y cuándo te dicen si te dan el trabajo?
N: va a tardar, soy apenas la primera candidata bilingüe que han entrevistado, así que tomará poco más de dos semanas para que tomen una decisión, sólo hay otro candidato.
M: ya verás que todo saldrá bien, recuerda que eres mi campeona!
N:  ...   :)  ... sí mamá, estoy segura de que todo irá bien, y si no es con esta empresa, será donde tenga que ser
M: ésa es mija!
N: te extraño mamá...
M: yo también mi reina pero nos vemos en vacaciones
N:  ...(oh cruda realidad)...
termina mi diálogo mental de forma abrupta.

El vacío me inunda por unos minutos. Sigo el consejo de aquella masajista (la de la terapia integral), que me decía que me permitiera sentir el vacío, el limbo... fluir con él y trascenderlo... pasan unos minutos, lágrimas recorren mis mejillas. La imagen de tu bello rostro se hace presente en mi pensamiento. Cierro los ojos y alcanzo a ver esos lindos ojazos, y el lunar coquetón junto a tu ojo izquierdo. Tu sonrisa tímida y discreta risa nerviosa como cuando te decíamos que te queremos o alguien te hacía un cumplido. Tu actitud jovial y sencilla, pero fina  y distinguida. Tu pudor, tu serenidad y ecuanimidad. Tu ternura y calor. Tus caricias.
Mi mente viaja a aquél momento en el que en lugar de consolarte yo, me consolabas tú. Sentada en aquél sillón, yo hincada frente a ti, me tomabas de la cabeza con tus delicadas y vulnerables manos... recosté mi cabeza en tu regazo y acariciabas mi cabello. "Hija, todo va a estar bien", me decías... "¿qué voy a hacer sin ti?, te decía yo... "tienes que seguir, tu vida sigue... aprovéchala, prométemelo", acariciando una y otra vez mi cabello y mi rostro.
Lágrimas fluyen entre estas inútiles letras. No hay nada que mitigue este dolor. Pero te hice una promesa, y la voy a cumplir. Ya nos seguiremos viendo y mientras tanto te seguiré platicando.

2 comentarios:

nor dijo...

ay nefer... un pasito a la vez.
xoxo

Nefer dijo...

xoxo

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