jueves, diciembre 23, 2010

Vacío en la nada...

Y como bien lo decías... ya nada importa.

Amanecí con un resfriado. Overkill y yo bajamos a algún doctorcillo a que nos recetara, para poder sobrevivir el retiro que se aproxima a pasos agigantados.

No sé cómo explicar por lo que estoy pasando. Es una mezcla de certeza que todo va a estar bien y la sensación de que todo esto que acaba de pasar, pasó hace años. Te extraño pero no te pienso con dolor. Es tan extraño y tan diferente a lo que sentí con la muerte de papá. Tal vez porque tuve la oportunidad de estar contigo las 24 horas, atenderte como te merecías, darte toda mi atención, amor y apoyo. Te dí todo... y todo se fue contigo. Así que me quedé sin nada.

Siento como si mi ser fuera un envase vacío al que ahora tendré la oportunidad de llenar con nuevas experiencias, sentimientos, recuerdos.

Descansa en paz y feliz, que ese cosmos del que hablabas, ya te está abrigando. Te quiero mucho y siempre estas conmigo, en mi mente y mi corazón... pero es hora de partir... partir hacia lo nuevo y desconocido, sin miedo.

Mi percepción de la muerte cambió totalmente. No hay nada que temer, porque ya nada importa.

domingo, diciembre 19, 2010

Iluminación...

Tras estar hospitalizada, el jueves pediste que adelantáramos la Navidad. Con una logística un tanto desordenada, nos vimos a la tarea de prepararte tu reunión.

El viernes, envolvimos juntos los regalos y horas más tarde la ambulancia te llevaba de regreso al departamento.

Acercamos el árbol a tu cama, así como la mesa y con la ayuda de los niños, decoramos tu cuarto.
Cenamos, abrimos regalos y estuviste muy contenta, pero muy débil.

El sábado el faraón se fue. Lo dejé en el aeropuerto. Debí mandarlo en taxi, habría estado más tiempo contigo.

La tarde pasó tranquila, aunque un poco aterrante para ti. Muy cansada pero aceptabas y pedías alimentos. La peque avisó que se quedaría por la noche.

Domingo... nos levantaste a las 5am, exigiendo que te pusiéramos de pie, que ya podrías caminar... me preguntaste si quería ir contigo. Asentí y te pregunté que si de parranda... "no estoy jugando" me respondiste. Nos apresuramos a vestirte.

Mamá: vámonos, no hay tiempo, nos esperan, no vamos a llegar (con voz emotiva aunque débil)
Peque, Nefer: sí, sólo te tapamos bien...
Mamá: ya vamos, no hay tiempo!

Salimos a la calle en pijamas y pantuflas, envueltas en cobijas, mamá con mi chamarra y en silla de ruedas. La madrugada estaba estrellada, silenciosa y bella. Mágica.

Mamá: vámonos, no hay tiempo, más rápido!
Peque: mira mamá! nos encontramos dinero!!! (a nuestro paso, alguien tiró monedas de diez pesos en lo que parecía haber sido un paquete envuelto en masking tape)
Mamá: eso no importa!!!! se nos hace tarde!!! no hay tiempo que perder!!!!
Mamá: (a overkill que venía detrás de nosotros) no!! tu regresa, no estás preparado.

Overkill con tristeza en la mirada, recogió las monedas de la calle y regresó al departamento. La peque y yo nos fuimos siguiendo sus indicaciones... "derecha!", "izquierda"... cuadras y tiempo transcurrieron...

Mamá: un árbol! busquen un árbol! donde no haya gente ni coches, ya que aquí no hay montañas... tengo que compartirles esta experiencia!!!!

Te acomodamos frente a unos lindos árboles, pero volteaste y dijiste que había un Oxxo feo y que mejor a la vuelta. La peque y yo, cada una a tu lado, nos apresuramos y cruzamos la calle, torcimos a la derecha y un auto tenía una calcomanía de Jesucristo con las palabras "búscame".
Dimos la vuelta a la izquierda y nos apuntaste a un árbol de amplias raíces.

Mamá: esto no es lo que yo esperaba, pero bueno, no importa. Ya nada importa... vieron?
Peque y Nefer: no má... que?
Mamá: (con una sonrisa débil y mirada en éxtasis) Me iluminé!!!! me iluminé!!!! vi el Cosmos!!!!, vi el universo en expansión!!! en el no pensamiento me llegó!!!, llegué a la unidad!!! lo positivo de la humanidad!!! la vida es lo mismo que la muerte!!!! ya nada importa!!!!, lo vieron?????
Peque y Nefer: no mamá,
Mamá: eso es lo que les quería compartir!, no lo olviden, busquen la iluminación! ya nada importa!, eso es todo lo que quería compartir.

Te diste cuenta de que la peque y yo no estábamos tan cubiertas en aquélla gélida madrugada, así que nos pediste regresar a dormir. Recorrimos todas aquellas cuadras potosinas en la obscuridad hasta que llegamos al departamento. Te cargamos y pusimos en la cama.

Dormimos todos hasta las once de la mañana. Después, ya estabas muy débil. Balbuceabas palabras que no podíamos distinguir, pedías irte, ya no querías estar. Cansada, decías que ya nada importaba, que había el trabajo que quisiéramos, los negocios que quisiéramos, que el universo era maravilloso.

Horas más tarde, pediste comida. Mientras nos turnábamos para bañarnos, nos pedías que desayunáramos, que comiéramos, que durmiéramos... no te dejamos sola. Tenías miedo a la obscuridad, a estar sola.

Te tomamos la presión a intervalos regulares. Tu presión y respiración eran cada vez más lentos.
Mientras la peque se bañaba, el overkill y yo estabamos contigo. El tomaba tu mano mientras preocupado me indicaba el decenso en tus vitales. Posaste tu vista en él. Yo, con la computadora en mano, le pedí que te dejara descansar. En ese momento, tu mirada se fijó en la mía... diste un leve suspiro, como que algo te bloqueaba la respiración, como si hubiéses dado un trago por el lugar equivocado... corrí hacia ti.

Nefer: mami, te acomodo?
Overkill: má, te acomodamos...

Era demasiado tarde, en aquél momento, con tu mirada fija en la mía, expiraste con un leve sonido, que parecía un grito que se ahogó en aquella debilidad. En ese momento te nos fuiste.

Tu cuerpo, un envase vacío... yacía ante nosotros... ya no eras tú, era sólo materia. Te fuiste así sin más.

viernes, diciembre 10, 2010

Navidad adelantada...

Y mamá, tras las palabras necias de un negativo doctor, decidió adelantar la Navidad, así que la peque y yo nos dimos a la tarea de comprar cuanta cosa se nos ocurrió: desde árbol de Navidad, hasta utilería para cenar... encargamos un pavo que estará listo para antes de la  noche de manaña y estaremos envolviendo regalos a la brevedad.
Piensa que su tiempo se acaba, que no hay que perderlo y aprovechando que estamos todos con todo y faraón (quien se va el sábado) para aprovechar la oportunidad y hacer el pachangón.

Yo me encuentro al borde de un ataque de nervios y sé que todo esto se viene muy pronto. Su piel supura agua, lo cual parece indicar (aunque los médicos le quieren adornar y no decir gran cosa) que sus riñones no están funcionando tan bien que digamos. Estoy histérica. Tengo pánico... pierdo a mi madre y no hay cosa que pueda hacer al respecto, ya no puedo más...

domingo, diciembre 05, 2010

Tren...

El sonido del tren ha sido uno de mis favoritos desde niña. Cada que lo escucho, me recuerda cuando en la niñez viajábamos en él a Guadalajara a visitar a la linda abuelita materna. Salíamos por la noche en diciembre cada año antes de Navidad, a eso de las 8 y llegábamos por la mañana, tal vez a las 9 ó 10. Normalmente teníamos camarote con literas y desayunábamos en el restaurante a bordo. Los clásicos "hot cakes" con miel de maple o de abeja, café con leche y jugo de naranja.

Nos encantaba saltar de vagón en vagón, aunque a veces me producía temor... ver aquél suelo en movimiento que se asomaba entre las orillas de los vagones conectados.

Hoy escucho el sonido del tren mientras tecleo estas letras... sentada en esta incómoda cama, de este no tan cómodo departamento arrendado en el corazón de la ciudad potosina. Mamá está recostada frente a mi en la otra cama. Su sueño es profundo, su rostro terso pero sumamente delgado, la piel ya casi pegada al hueso.

Le sugiero apagar la luz. Me mira con ojos de súplica y me dice "todavía no hija", a pesar de que ya está con Morfeo. El overkill se enfermó, así que lo mandé a cuarentena a casa de la peque. El faraón llegó ayer y estará por una semana. Aunque me dio un inmenso gusto verlo después de cuatro largos meses de ausencia, no dejo de sentirme presionada por la situación.

Mamá ya es casi un 100% dependiente en todo. Bañarla, vestirla, cambiarla, alimentarla (cuando se deja) y apapacharla (también cuando se deja). De ser una dama sumamente independiente, física y emocionalmente fuerte... ahora no logra detenerse de pie por mucho tiempo y tiene muchos temores. Cuando le hacen preguntas, ya no contesta, me mira con preocupación y como sabe que sé sus respuestas, con una mirada sé que me pide que conteste por ella.

A veces me pregunto que pasará por su mente. Habla dormida (susurra) y cuando le pregunto qué sucede, ella me dice que no le haga caso, que habla dormida. Anoche preguntaba por el barandal (?)

Estoy emocionalmente hecha talco, aunque en su presencia finjo fortaleza. En silencio sollozo mientras me baño y me muerdo el puño para que no me escuche. Riño a diario con Overkill, no porque no lo quiera. Creo que mi temor se canaliza en furia y a veces no logro evitarlo. A menudo me encuentro disculpándome. No quiero convertirme en un monstruo.

Los quistes de ovario ya han de estar del tamaño de un dinosaurio, así que me tendré que ver en la necesidad de acudir al médico antes de la quimio de mamá. Tengo miedo. Siento desesperanza. No encuentro consuelo. Lo único que me mantiene a flote es el mantenerme inmersa en una rutina auto impuesta, en la que hago de todo. Aunque hay una señora que hace la limpieza tres veces por semana, cuando ella no viene hago lo propio. Últimamente se me ha agudizado la costumbre de lavarme las manos "n" veces durante el día, desinfectar "n" veces el baño. Empiezo a pensar que estoy desarrollando alguna especie de manía.

Tal vez la obsesión del "perfeccionismo" anda por regresar. La dejé en alguna parte después de la muerte de papá.

sábado, diciembre 04, 2010

En blanco...

Iba a escribir un montón de palabras y pensamientos... extrañamente, al encontrarme frente al computador, se me fueron... cual vil palomas de plaza cuando alguien se acerca... abur...
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