sábado, octubre 16, 2010

Reflexiones Saturninas

Los fines de semana en estas circunstancias se hacen mucho muy pesados. Más que entre semana... que siquiera partimos la rutina al salir a citas con médicos o a comprar la despensa.

Los sábados son leeentos... rutinarios... levantarse, bañarse, bañar a la tierna y adorable mamá, vestirla, peinarla, prepararle el desayuno, acomodarla con sus almohadas favoritas y prenderle el televisor, que ella misma apaga a los cinco minutos.

En silencio, el overkill (el enemigo aliado - hermano)acomoda no sé qué cosas... A veces invade mi espacio vital. Está aterrado... lo malo de su estado, es que necesitando de un trasplante de hígado, todo le es más pesado... respirar, caminar, pensar... pero se ha vuelto muy sensible.

Es apapachón, pero en estos momentos lo que menos quiero es apapacho. Tengo un humor de perros, no me calienta ni el sol y a veces nos la pasamos discutiendo en silencio. Esto tiene que terminar. Basta de discusiones. Creo que necesitamos a alguien que nos dé un par de cachetadas guajoloteras y poner la bandera de tregua.

Lo quiero mucho, pero debo aceptar que a veces no lo soporto. Desde niños siempre fue así... rivales sin motivo aparente, aliados en travesuras o castigos... y en esta ocasión, sólo dos almas perdidas que se encuentran en asfixia.

Asfixia del encierro, de esta complicada complicidad... de este hastío. Hastío de la tristeza, hastío de la incredulidad, hastío de esta realidad.

Para romper este hastío, esperamos a los sobrinos. Hoy vienen de visita para alegrar a la abuelita. En lo que a mí me toca, me comprometí a hacerles unas hamburguesas y a darles helado... ah... sí... y a prestarles el internet.
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