domingo, enero 04, 2009

Levitando

Un día de árduo trabajo. Estoy con el alto mando en la oficina cuando tu enorme presencia se aparece en la puerta.

-¡Ándale vámonos!

-¿No deberías bajar a mi nivel? me va a dar tortícolis.

Me tomas de la mano y caminamos hacia la salida del edificio charlando, aquella que conecta a través de túneles elevados todos aquellos edificios de la ciudad. Vas acompañado por aquél inseparable de siempre y vamos cruzando calles por aquellos recobecos de cristal. En una de esas, los cristales desaparecen, aún así, la gente sigue caminando. Me da miedo pisar donde no hay nada. Veo la calle a mis pies a unos metros de altura.

- ¡ándale Nefer, cierra los ojos, confía... sólo sigue caminando!...

- está bien, pero ¡no me sueltes!

Te adelantas unos pasos y yo confío... cierro los ojos y estoy flotando mientras camino. Pasamos ese tramo sin cristales para luego llegar a una banda móvil transparente que nos sigue guiando. No sé a dónde vamos, pero como siempre, yo te sigo. Estás de buenas y al parecer, disfrutas de mi presencia.

Siento que me ahogo, despierto. Son las 6 y otra vez, se me olvidó bajarle al termostato, me estoy rostizando.

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