lunes, abril 14, 2008

Chicago Parte I

* anticipo que esta entrada es larga, así que tómate tu tiempo y léela cuando quieras *

El jueves por la noche al fin me habló una persona del templo para contestar mi ansiada pregunta de los varios mensajes que dejé en la contestadora... "todavía alcanzo lugar para el retiro?", hicieron el cargo a mi tarjeta y aquella simpática voz me dijo que llevara un "sleeping bag" y una pequeña toalla, así como ropa cómoda. Luego me preguntó si era la primera vez que iba a un retiro. Le comenté que no y brevemente que conocía a Sunim desde el 97 -la gente que permanece en el templo no es siempre la misma, así que hay que estarse presentando cada vez-.

Así que rompí mi viciada rutina y me escapé el viernes al retiro de meditación Zen en el corazón de Chicago.

Seis horas manejando que me dejaron los huesitos de la retaguardia en callo. Salí a la 1:30pm hora del este. Amenazaban en aquél lugar de internet que nevaría en el camino. Afortunadamente no. Mucho viento, pero un bello cielo azul con nubes pasajeras.

En esta ocasión, no prendí el radio, ni el cd, ni el cassette. Preparándome desde el inicio del día, procuré comenzar a entrar en un estado aunque no metitativo aún, al menos silencioso y tranquilo.

Debo admitir que en algún lugar en Indiana, le menté unas cuantas a alguien que venía encimando su auto al mío. Sí, reaccioné pronto, respiré profundo y dejé ir el exabrupto.

Llegando a Chicago, cantaba victoria porque había hecho 5 horas. Nunca hay que cantar victoria y hay que recordar que los factores externos siempre cambian. Nada es permanente. Así que hay que ir mejor sin expectativas. Yo llevaba una: llegar al templo en 5 horas y 8 minutos, hora estimada de mapquest.

En la 94 Oeste, me topé con tráfico. Cerraron las vías veloces porque hubo un aparatoso accidente. Al entrar a Ilinois, empezó a llover, así que seguramente hubo un resbalón y un par de coches quedaron hechos acordeón.

Llegué cerca del templo a las 6:30pm hora local, hice una parada en la tienda naturista para hacerle un pequeño obsequio a Sunim, pero entré y la distribución de la tienda muy diferente a las de la misma cadena en los lugares conocidos. Sentí ansiedad porque no llegaría a tiempo, así que decidí partir hacia el Templo.

Llegué encarrerada y quise abrir la puerta intempestivamente, olvidaba que mantienen la puerta cerrada por dentro. El timbre, tiene una etiqueta que dice "Be patient". Así que sólo toqué una vez y sin dejar el dedo presionando el botoncito.

Una dulce damicela me abrió la puerta y me recibió con una reverencia, con las manos en "japchang" unidas las palmas frente a la cara. La reverencia fue recíproca.

Me quité los zapatos y los puse cuidadosamente en el zapatero izquierdo, que es destinado para las mujeres. Hay uno a la derecha para el sexo opuesto.

Inmediatamente llegó la profesora Dharma en turno y tomó mis pertenencias, sin dejar que cargara yo nada. Le agradecí el gesto y subimos las escaleras hasta el cuarto piso. Allí, observé que habían colchonetas alineadas en el suelo. Yo esperaba ser asignada una de ellas, pero esta vez me sorprendí. Al fondo, había una pequeña habitación con su baño incluido, un pedazo de privacidad. La profesora Dharma puso mis cosas a un lado del pequeño y viejo ropero y me indicó que ésta sería mi alcoba.

Le agradecí con una reverencia y me dijo que el retiro comenzaría a las 7pm. Mientras, tenía tiempo para hacer lo que quisiera.

Es importante aclarar, que ya había estado en un retiro. No de dos días, pero de 5. Normalmente te asignan un lugar para dormir y hay un baño común. Hacemos voto de silencio. Los días empiezan a las 5am, sale uno a la intemperie a lavarse con agua fría y luego se viste uno y hace ejercicios, para luego continuar con la sesión de meditación. Así que iba preparada para todo ello.

Acomodé mis cosas en el ropero y me dirigí a la planta baja, donde sólo había unas tres o cuatro personas. Recuerdo que mientras subíamos las largas escaleras, le pregunté a K1 si había mucha gente. Me dijo "heavens no!". Y yo que pensaba que era la última en llegar y que aquello estaría saturadísimo (en México, normalmente los retiros se saturan).

Procedí a la sala y comencé a caminar en silencio. Miraba hacia la puerta y en un momento inesperado, entró Sunim en su ropa hermitaña y con una voz muy alta y emocionada: "Nefer!!!" -en mi nombre budista-, qué gusto verte. Me dijeron que venías y me dió un gustazo. Estaba por llamarte y qué alegría, aquí estás.

Es difícil evitarlo. Pero la gente me llega por el corazón. Soy una corazón de alcachofa. Me dió mucho gusto también y nos dimos un cálido abrazo. Luego me dijo que después hablaríamos, con su ágil y animado paso, se retiró hacia la cocina.

Un poco después de las siete, nos encaminamos hacia el área de meditación en la misma sala, pero en otra sección. Pusieron un pequeño altar y habían 15 zafus y zafutones acomodados alrededor de la sección y algunas sillas al fondo.

Sunim cruzó la sala y desapareció en la obscuridad. La profesora Dharma (a quién de ahora en adelante nombraré como Kx, dió las instrucciones del retiro y preguntó si había dudas. Al dar por hecho todo, no puse completa atención, así que asumí que todo sería igual.

Kx asignó los lugares. Cuando en México voy al retiro, siempre quedaba lejos del altar, junto a la puerta o en el lugar más lejano. Se les daba prioridad a los que meditaban con regularidad o a los estudiantes Dharma que Sunim preparaba. No soy estudiante Dharma y aunque medito con regularidad o al menos trato, lo hago en casa. Estoy muy lejos del templo y hacía un año que visité Chicago y sólo por un par de días.

Las colchonetas y cojines de meditación son color café y sólo los de Sunim son azules. Kx me pidió que tomara el tercer lugar al lado izquierdo de Sunim, así que él y yo quedaríamos casi rodilla a rodilla a contra esquina, a un par de pasos. Dos personas a mi derecha (estudiantes Dharma) y los demás hacia la izquierda en escuadra formando un cuadro.

Comenzamos con postraciones. Para mi sorpresa sólo fueron 36, no 108. Nos sentamos por sesiones de media hora, con descansos de 10 minutos y nos retiramos a dormir a las 10pm.

La práctica de meditación no termina a las 10pm. Mientras uno se prepara para dormir, continúa con la práctica y se duerme con la práctica. Por primera vez en mucho tiempo, no soñé.

Mi cuerpo me despertó a las 4.50am hora de Chicago, me senté en la cama e hice la reverencia de rigor. Doblé mis cobijas, acomodé mi almohada y me preparé psicológicamente para las restregadas de agua fría. La temperatura en Chicago el fin de semana fue de 32°F, 0°C. Como imaginé que no saldríamos a la calle desnudos, me desvestí y dirigí a la regadera. Para mi sorpresa, el agua estaba tibia. En México, cuando hay regaderas, quitan el calentador y el agua es helada, por si algún vivo se quiere bañar, lo haga de todas formas con agua fría.

Me sentí un poco perturbada, porque sabía que no debía usar agua caliente, así que al agua tibia, aproveché unos breves instantes para entrar gradualmente a lo frío. Al final, rápidamente abrí la fría y me dí las frotaciones de rigor.

Salí hecha un témpano y me vestí. Bajé a la sala poco antes de las 6. Era la única persona y Bx una estudiante Dharma que se preparaba para tocar el Moktak, para despertar a los demás.

5 comentarios:

Animal de Fondo dijo...

Ojalá te sirva de mucho, Nefer. Está precioso el cuento. Me alegro de que no soñaras. La verdad es que te escribí una interpretación larga de uno de tus sueños, pero luego la borré sin mandártela. Mejor le dejé la tarea a Sunim.
Un abrazo.

Nefer dijo...

Hola! gracias por tu visita. Te hubieras animado a enviarla. Sunim no hace interpretaciones, se enfoca a mejorar la práctica de meditación sin ahondar por lo que uno pase, pues su labor es enseñar al prójimo a dejar de sufrir. Por eso le llama terapia gratuita, porque generalmente no funge como sacerdote al cual va uno con los problemas y de algún modo se confiesa. El comprende a la gente que le cuenta sus penas, pero en realidad el comenta que no es su finalidad, porque no va a "perdonar" algo que no le corresponde sino a la propia persona. Sólo escucha, no opina.
En alguna ocasión en algún retiro en el pasado, comentó que en una de las entrevistas, una persona le contó todo por lo que pasaba. Amablemente escuchó pero dijo, ayúdense a ustedes mismos. No necesito saber todo sobre ustedes. Esa no es la práctica.
Y bueno, sé porque lo he vivido, que sin que uno le diga nada, el sabe de uno. Me pasó y ya lo comentaré en las siguientes entradas, que pensamientos pasajeros que tuve, él los captó e hizo comentarios en su plática.
En fin.
Te animo a que me envíes la interpretación. Siempre es interesante saber el punto de vista de otras personas con respecto a los sueños. :)

odette farrell dijo...

Fmesmenota,

Qué no eres arquitecto? Cada día me sorprendes más... a ver si un día me animo a describirte un sueño recurrente que me atormenta desde hace años :) y también me embaraza (de vergüenza, eh?)

Animal de Fondo dijo...

Jajaja, Odette, sí, y creo que no soy malo del todo, dentro de mis limitaciones (y he construido, algún día pondré algo en el blog). No me dedico a interpretar los sueños, pero sé lo que son y por qué se sueña (dentro de las tesis del psicoanálisis clásico: son alucinaciones de situaciones traumáticas enmascaradas). Lo que también sé es que, según esa definición, el único que no puede interpretarlos es el que los sueña, precisamente porque es el que los enmascara hasta no reconocerlos. No me mandes el sueño, porque, a no ser que esté muy claro, haré un desastre con él. Lo que sí me dediqué un par de años era a echar las cartas, y dejé de hacerlo porque acertaba, y te aseguro que yo de eso si que no sabía nada.
Gusto en saludarte y felicidades por esos éxitos, que ya sabes que nos alegran.

Nefer dijo...

fmesmenota, tengo uno que no posteé por considerarlo sumamente personal, pero me encantaría que lo leyeras y me dieras tu opinión, tómalo como distracción :D ...

Mi abuelita me enseñó a "leer" los alfileres... se los "eché" a una amiga y todo le salió, una noche me los eché y ví puros problemas... desde entonces no lo hago. Ahora entiendo por qué a mi abuelita no le gustaba leerlos.

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