miércoles, abril 16, 2008

Chicago después del retiro

Cuando concluyó el retiro, Sunim me preguntó que cuándo me iría, le comenté que más tarde... en ese momento preguntaron quién se quedaría a desayunar. Todos in excepción levantamos la mano. Nos comentaron que mientras preparaban el desayuno, cada quién hiciera ciertas actividades de limpieza.

Finalizando esas labores, nos enfilamos a servirnos y a sentarnos. Yo me iba a sentar desbalagada en cualquiera de las dos mesas, pero Sunim me llamó y me pidió que me sentara a su derecha. Nos tenía cerca a los que íbamos de lejos. A su izquierda estaba una señora que venía del templo de Michigan y a mi derecha una chica como de unos veinti-tantos también de aquél lugar. El resto de la mesa, otras personas unos voluntarios del templo y algunos nuevos. Entre ellos se encontraba una profesora de arte de alguna universidad de Chicago. Fue tan inmersa mi conversación con Sunim respondiendo a sus preguntas sobre mi familia y otras cosas... plática que no me dio tiempo de saber de qué se trataba aquella interesante charla sobre pintura y arte al otro extremo de la mesa.

Comentó S. que abrió un nuevo templo en NY en China Town., en los próximos meses se mudarán a algún lugar de Brooklin. Concluyó el desayuno, lavamos platos y S. me pidió que me quedara a los servicios de meditación de los domingos que comenzaría las 10:00am. Me "chuté" otra hora de meditación y luego dio una conmovedora plática expresando su profunda desilusión en la situación de China vs. Tíbet... nos comentó que el budismo en Asia había fracasado y pude observar cómo su barbilla comenzaba a temblar y su voz a cortar. Comentó que éste país (el del arbusto) era ejemplar y brevemente comentó sobre sus experiencias al llegar hace 40 años desde Corea en pleno movimiento hippy.

Describió la forma tan positiva en que vió cómo la juventud de aquél entonces luchaba por los ideales sin violencia. Entonces dijo, "éste, es un gran país". Luego comentó la importancia de propagar el Dharma (la práctica) para que la gente despertara a la conciencia de la no violencia, difícil cuando se vive en un mundo material y de intereses varios.

Instó a los presentes a comentar sobre el tema o hacer preguntas. Nadie quiso hacer comentarios. Luego, un hombre le cuestionó si no estaba ya politizando la práctica. Por que según él, los budistas toman un voto de desapego y en este caso le preguntaba si él estaba apegado a esa causa. S. le respondió, si lo ves así, entonces sí, apégame a la causa.

Luego comentó que él es un monje que vive en el mundo de constante cambio, es decir, en occidente y en la ciudad. Es su labor participar en él, porque dijo, "no soy un monje de montaña que renuncia al mundo y se vuelve hermitaño, yo soy doble monje, porque tengo esa parte hermitaña, pero participo activamente en este mundo para promover la paz, la no violencia. Por eso entiendo el predicamento del Dalai Lama, su preocupación por su pueblo-su apego, y vivir en paz en tiempos de guerra, no promovemos guerra, vemos por la no violencia".

Y después de alguna que otra pregunta no tan controvertida, concluyó la sesión. Eramos más de 30 personas.

Mientras caminábamos hacia afuera, S. me alcanzó y me dijo que no me fuera, que había junta de miembros y que era importante que participara. He sido miembro de su Sangha desde el 97, antes en México, ahora en Chicago.

Mientras esperábamos (pues sería a las 11:30am, la sesión de meditación y plática dominical duró una hora), conocí a algunas personas nuevas y otras no nuevas que no conocía. Entre ellas la directora de los servicios de inmigración de una sociedad no lucrativa (no recuerdo exactamente la organización), una maestra de la universidad de Michigan, estudiantes, etc.

Después pasó rápidamente S. y me dijo "M-Nefer en mi nombre budista"..."la junta se cambió para mañana porque nadie podía quedarse hoy, así que si quieres, puedes partir", luego siguió con su paso veloz hacia otro lugar y personas.

Yo quise esperar para poder hablar con él. Así que merodeé observando al grupo de niños en su sesión de pintura y lectura, donde pintaban una cartulina con flores de loto y un Buda al centro. Luego estuve inmersa en una conversación con algún estudiante de Chicago y luego volvió a pasar S. para invitarme a comer, que no me fuera todavía. En el ínter, fui a la tienda naturista a comprar algunas cosas como donativo y de regreso ya sólo quedaban pocas personas.

Cuando sólo quedábamos los estudiantes Dharma y yo, S. nos dijo que lo acompañáramos a comer. Así que nos fuimos en la camioneta de una de ellas (la foto de la entrada) y nos dirigimos a un restaurante coreano.

Ví a S. como cuando yo voy a un restaurante mexicano, hablando en su lengua natal y sumamente feliz. Comí un platillo que contenía arroz y diversos vegetales con una salsa un poco picante. S. ordenó unos platillos para picar, en los que se encontraba una verdura que parece gelatina. Olvidé su nombre. Todo me pareció muy sabroso y bueno, las otras tres personas no quisieron participar mucho en la prueba de alimentos.

Tuvimos charlas varias, en las que comenté sobre los ruidos de casa. Pensé que reirían o lo tomarían a broma, pero al contrario, recibí dos sugerencias: investigar si la casa que compramos de reciente construcción está en antiguo territorio indio y si estamos bajo una placa tectónica. Cosa que me pareció sumamente interesante, porque aquella vez que sentí que la casa se venía abajo, correspondió a la misma sensación que tuve en la nariz, de un temblor que presencié en Mexicali -trepidatorio-. Y sobre los ruidos de objetos que se caen etc, recomendaron investigar si estoy en antiguo territorio indio para proceder a hacer algún tipo de meditación o sesión especial.

Después de comer, regresamos al templo donde tuve una cálida despedida e incluso S. se paró a media calle en un crucero para que me cedieran el paso jajajaja... fue un bello fin de semana.

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