jueves, febrero 16, 2006

Tres décadas y unos cuantos añitos después...

Foto: Spencer Tunick

Primera vez que me despierto sin pensar que es mi cumpleaños y en las veintemil estupideces que hice en toda mi vida, como acostumbré cada año desde que me hice consciente de mis actos... (sí... fue mucho después de la pubertad).
Me acordé hasta que iba abriendo la puerta del baño para reanudar la rutina matutina, después de haber sido noqueada por algún extraño virus norteamericano que me azotó desde el sábado. No fue la famosa "flu" pero algo parecido que me recordó aquél nefasto ataque bronco-neumónico de hace siete años. Pero bueno, esa es otra historia.
Esta vez, mis pensamientos para mi sorpresa no tomaron su cauce acostumbrado (hacer el recuento de todos los daños que hubiesen afectado mi vida en alguna forma, en lo que no he hecho, etc), sino que esta vez sentí un deseo de superación que fluyó desde alguna parte de mi ser. Luego, tranquilamente me terminé de duchar y con toda la calma del mundo me sequé el (ya demasiado) largo cabello y me vestí.
Mientras conducía hacia la oficina, mi mente se preguntaba... "qué es algo que verdaderamente haría si no importara en lo absoluto, siendo honesta, si de verdad no importara en lo absoluto lo que dijeran los demás, ni lo que la ley impusiera... que nada nada importara..." y mi mente sin viajar tanto sólo resumió: Estaría completamente desnuda.

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