miércoles, noviembre 16, 2005

El Primer Beso

Hoy en la mañana mientras besaba al faraón, le comentaba lo que uno idealiza antes del primer beso ever.
Recuerdo cuando aquél tío, un completo desconocido para mí pero muy amigo de mi hermano, me dió mi primer beso. Mi hermano tras bambalinas y como siempre con sus diabluras, nos dejó a solas a propósito en el estudio, yo era tan 'naive' que pensé que había ido por algo y que regresaría rápido.
Aquél tío que se hacía llamar "caballero de la mesa redonda", era "inatractivo", si es que esa palabra existe, chaparro, nariz aguileña, parecía un mocoso de secundaria. Estaría yo en mi primer semestre en la universidad...
Siempre fui muy romántica e idealista y más con las hormonas a plenitud en la adolescencia.
Me imaginaba que el primer beso sería algo súuuuper romántico, que me haría sentir mariposas en el estómago y que me daría la sensación de flotar en las nubes y todas esas cosas...
Regresando al estudio... ambos platicando de babosadas, pues en realidad a él lo había visto apenas unas 3 o 4 veces cuando venía de visita para hacer trabajos de la escuela con mi hermano o cuando se iban de parranda. Uno se esperaría estar con el príncipe azul, música celestial y el tan esperado momento.
En este caso, ni fue esperado, ni deseado, ni siquiera imaginado. De la nada sentí una asquerosa boca besando mis hasta entonces labios vírgenes, cuando su viscosa baba hacía contacto con la comisura de mi boca, mientras le veía un tercer ojo, los cachetes arrugados junto a aquella espantosa naríz (todo esto como en cámara lenta)...
Fue como si hubiera sido ultrajada en despoblado, me dejó totalmente anonadada, perpleja, no por la audacia, sino la asquerosidad y repudio que sentí, algo que hubiese pensado sería sensacional con algún galán atractivo.
No supe qué hacer, lo empujé y me salí corriendo del estudio, tras oír la carcajada de mi hermano. Tal vez entre ellos tenían alguna apuesta, o qué se yo... pero en realidad, aquél tío pasó a arruinar lo que el primer beso habría significado para mí.
Creo que él si lo esperaba, porque hasta cartitas de amor me dejaba cada que iba de visita, y por supuesto, cada que él iba, o yo no estaba, o me encerraba en mi cuarto hasta que se iba... hasta que dejó de ir.
Triste situación, pero luego recuerdo a mi abuelita a-go-gó que siempre me dijo "mija, tendrás que besar a muchos sapitos para poder encontrar a tu príncipe azúl", a lo que mi madre pudorosa y escandalizada le alegaba que no me diera cuerda.
En fin, tras ese asqueroso sapo, siguieron alguno que otro sapito, unos más bellos que otros, un príncipe que resultó un fiasco, y hasta que fui a dar a tierras lejanas con el Faraón.
Mientras tanto, disfruto de los "picoretes" del Faraón y de sus guisos afrodisiacos que empiezan a aromatizar la casa, así que a aprovechar las vacaciones y ¡a cenar se ha dicho!

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