jueves, septiembre 01, 2005

Telepatías espontáneas...

Mientras como a la hora del "lunch", mi mente divaga y de la nada apareces de nuevo... luego recuerdo cómo te conocí. Fingiste ser un amigo mío mientras según yo chateaba con él. Te presentaste y desde entonces empezó la amistad.

No imaginaba cómo serías, ni me importaba, era más la novedad de comunicarse por computadora (como aquél programa de "los chicos computarizados", que pasaban en el canal cinco ya hace muchísimos años), que saber quién estaría de aquél lado.
Nos conocimos a los pocos meses en persona. Siempre que veía las películas de "Nikko", te relacioné con él. Esos bellos ojos rasgadillos, bronceado... Siempre me ponías nerviosa, hasta tartamudeaba al hablar contigo. Cometía estupideces, se me caían las cosas, cuando salíamos a echarnos el cafecito, lo derramaba descuidadamente de los nervios.

Pensaba en tí y sonaba el teléfono, sí... eras tú. Eras un magneto, si me estaba bañando, pensaba en tí y sonaba el teléfono. Si hubiera sido cualquier otra persona, te habría hecho esperar o mandarte decir que llamaras más tarde. Pero eras tú. Enjabonada y con la toalla enrollada, salía a contestar.

Meses pasaban sin saber el uno del otro, era como un juego de niños... adolescentes jugando al misterio, saber pero no mostrar la atracción del uno por el otro...
Cada verano esperaba con ansia tu llamada. Curiosamente cuando esperaba tu llamada, no pasaba nada. Sólo bastaba con que surgieras en mi mente de la nada y en ése preciso momento llamabas por teléfono.

Pasaron seis largos años, sin tener noticias tuyas... seguí mi camino y tú el tuyo. Hasta que azares del destino hicieron que un desconocido en una fiesta en la que llegó de colado, conociera a uno de tus amigos. Me contactaste después de tantos años, acordamos reunirnos.
Nos volvimos a ver, nos dijimos muchos secretos, nos besamos. Nuestro primer beso en ocho años de conocernos. Fue un beso tierno, a la vez apasionado, misterioso. Sentí que el universo se sincronizaba, los planetas se alineaban, y ahí estábamos, tú y yo, en medio del bullicio de aquél lugar.

Pasaron los días, salimos como en los viejos tiempos, pero ya no como niños, sino jóvenes jugando a ser adultos. Nos tomamos las manos, nos miramos a los ojos, seguimos recordando viejos tiempos.

Te idealicé por tanto tiempo... me seguías diciendo "tu ingenuidad me encanta", a lo que como siempre respondía con un gesto de timidez, mientras me ruborizaba.
Nos despedimos y pasaron los meses, regresaste a aquella ciudad, donde ya tu corazón había sido preso por otro amor...
Seguía con mi vida, enfrascada en el trabajo, saliendo con los amigos, aturdiéndome con la música, bailando, soñando.

Un día de diciembre, mientras bailaba sola con la música a todo volúmen, disfrutando de varias canciones... surgiste de nuevo de la nada... me emocionó demasiado la idea, tanto, que sonó el teléfono... sí... eras tú... ésta vez como en el final de una jornada taurina... después de una buena faena, me diste la estocada.
Han pasado otros seis años... tú en lo tuyo, yo en lo mío... te casaste aquél diciembre, y yo un rato después...

Sigo comiendo, miro a mi alrededor, pienso... recuerdo... con el bullicio del lugar aunque desconocido pero familiar, recuerdo aquél último encuentro... volteo al escuchar una voz... y ahí está Nikko, pero en esta ocasión, un vil desconocido, en la mesa de enfrente... podría ser tu clón. No cabe duda que la mente crea al mundo. Tal vez estés pensando en mí o recordando... la única diferencia es que ésta vez, no sonará el teléfono.

1 comentario:

el mangos dijo...

ooooohhhh! que tristeza es aquello qeu hace recordar qeu en algun momento de la infeliz vida se tuvo un respiro de verdadera u pura felicidad.
por cierto no es por nada pero me caga tener que poner esa contraseña para publicar el comentario. ja pues que se le va a hacer.

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