miércoles, septiembre 14, 2005

A obscuras

En el cuarto de hotel, son once y pico hora del pacífico, una y pico hora central. Un poco de sueño, pero me acordé de tí. No sé... al azar, te me veniste a la mente y puse tu nombre en el buscador de internet. Ahí apareció tu nombre, o tal vez sea el de alguien que se llame igual que tú. Hace tiempo que no nos escribimos. Andas por ahí, en alguna parte del mundo, danzando, viviendo, gozando, soñando, animando gente... como alguna vez me animaste a mí. Largas horas en el teléfono, charlas amenas, salidas divertidas, locuras infinitas.

Me cansé de estar del tingo al tango, espero pronto encontrar la paz que me llama a gritos desgarradores. Ojalá pudiera renunciar a todo. Volar sin rumbo, donde nadie me busque, donde nadie me encuentre... donde sea indiferente.

Quisiera sentir esa paz que sentí alguna vez, en aquella etapa de la vida en que nada importaba, ni las horas, ni las personas, ni las vivencias, ni las travesuras.

1 comentario:

galgata dijo...

El delicioso placer de ser libre..............
Uno puede encontrarlo siempre en alguna parte, sólo que no sé dónde jajajaj..

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